Anatomía de los festivales de música en 2019

Tras la confirmación del lote inicial de festivales para el primer semestre de 2019 en Europa, Estados Unidos y América Latina, hay una serie de patrones que empieza a hacerse evidente en los anuncios año tras año. No sólo en los nombres que aparecen en los carteles, sino en la manera en que estos se van estructurando con el público que los acompaña.

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El más evidente de estos patrones es que el factor sorpresa cada vez es más escaso. Y con toda razón, al menos en el caso local. Luego de que Bogotá despertara al boom de la música en un periodo tan corto (menos de una década), las probabilidades de sorprender por parte de los organizadores se hacen menores con el tiempo. El factor sorpresa, entonces, queda reducido a los públicos más nuevos con artistas que están en la cúspide y que apenas tienen unos pocos años de carrera y discos en su haber.

Nombres como Ariana Grande, Twenty One Pilots, Post Malone, Khalid o Cardi B empiezan a aparecer en las primeras líneas de los carteles. Si estos nombres le resultan cada vez más ajenos, la respuesta es simple: los festivales ya no nos pertenecen. Su auge se ha dado por una convergencia de razones que van desde el hambre de experiencias de la nueva generación hasta la priorización del entretenimiento dentro de su poder adquisitivo. Visto así, tiene sentido que ese sea el nuevo target, son ellos quienes mueven el negocio hoy.

Sumado a lo anterior, la impresión general es que la fórmula tiende a volverse repetitiva y uniforme en todo el mundo: los lineups entre festivales se hacen más y más parecidos. Asuntos de booking, tendencias y saturación con la oferta entre otras razones son las responsables de que los festivales ya no nos resulten tan fascinantes o imperdibles como antes.

Otro elemento común, al menos en los anuncios de 2019 es la hegemonía del urbano por encima de géneros recurrentes como la electrónica o el indie y en la cual lideran shows hechos y consolidados en español (hablar de reggaetón o hip-hop a estas alturas es limitar el fenómeno). Ver a J Balvin o a Bad Bunny en lineups de la magnitud de Coachella o Primavera Sound no es más que la respuesta natural a las cifras: J Balvin fue el segundo artista más escuchado en Spotify en 2018, y Bad Bunny registra actualmente entre los 10 primeros. Sobre el caso particular de J Balvin como producto colombiano vale la pena hablar en otra entrada.

Hasta hace poco, las predicciones apuntaban a que los festivales entraban en su ocaso y por su propio peso; pero hoy todo parece indicar que en realidad sólo se preparaban para mutar y seguir creciendo con los públicos nacientes. Habrá que esperar un par de años más para saber si fueron capaces de sobrevivir a sí mismos y a la incertidumbre de un negocio que aún sigue construyéndose por el camino.